Tiene doce años cuando se celebra su boda con el príncipe Juan de Bohemia, dos años más joven que ella. Carece de belleza, de atractivos físicos y de encanto personal. Pero es inteligente, es juiciosa y tiene discernimiento. De nada le valdrán sus esfuerzos: la fealdad que a la niña, quizá por compasión, no se le reprocha, no se le perdona a la mujer adulta.
Margarita, duquesa del Tirol, nacida el año 1318, se esfuerza por gobernar su país con acierto para multiplicar sus riquezas, por reconocer y sacar provecho de los signos de los tiempos, pero deberá recurrir a medidas duras, incluso crueles, para salir adelante. Para sus rivales no supone más que un juego aturdir al pueblo supersticioso: se identificará a la Fea con la maldad, la abandonarán y el incipiente respeto o veneración dejará paso a la hostilidad y la desconfianza.
El problema personal de la duquesa Margarita la Morruda, que deberá aprender a vivir con su feo rostro, adquiere en la novela de Feuchtwanger una dimensión histórica.
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